El riesgo de dejar tu inteligencia en la nube

La reciente caída de los servicios de autenticación de Google el pasado Lunes 14 de Diciembre ha puesto de manifiesto con mayor intensidad que nunca la dicotomía entre cloud y edge, o el eterno debate sobre si todos los servicios críticos para la vida digital deben estar alojados en algún lejano servidor. Esto, inevitablemente, invita a un reflexión. Cientos de miles de videollamadas cortadas, incluyendo clases online, exámenes y reuniones de trabajo. Imposibilidad de acceder a YouTube o Google Docs, así como de actualizar calendarios leer o escribir correos en Gmail son algunos de los daños colaterales de esta caída. Incluso Google Maps y servicios dependientes como Pokemon Go sufrieron importantes cortes. Casas inteligentes controladas por IoT (Internet of Things) quedaron inoperativas, pues el cerebro en la nube estuvo en coma durante más de una hora.

Paradójicamente, en los últimos años la sociedad ha ido aceptando la migración de sus servicios a la nube pues, admitámoslo, tiene numerosas ventajas que aquí no detallaremos (ubiquidad, seguridad, escalabilidad, etc). No obstante, el debate sobre si todos los servicios críticos deberían estar en la nube, o si deberían estar en el borde de la red, está sobre la mesa. La cuestión es ¿debemos dejar toda la inteligencia de nuestro mundo hiper-conectado en la nube?

Sucesos como el de esta semana no son raros: cada día se producen caídas de servidores, ataques DDoS (Denegación de Servicio Distribuida), secuestros de plataformas online, accidentes, etc. Una caída como la de Google es muy sonada por su impacto y escala, pero tus servicios críticos pueden caer en cualquier momento, por mucha redundancia y robustez que añadas (a un coste a veces prohibitivo) a la nube.

En Galgus opinamos que la inteligencia de la red no debería estar en la nube. Es más, la inteligencia de la red (el plano de control, técnicamente), no debería estar en un único punto crítico (la controladora clásica en vendors WiFi tradicionales). Galgus sigue, desde sus inicios, una arquitectura distribuida y en el borde de la red, siguiendo el paradigma edge computing mediante el cual las decisiones críticas para la optimización de recursos, seguridad, analítica, etc suceden en tus propios APs (puntos de acceso). Todos los algoritmos de optimización automática de recursos radio, balanceo de carga proactivo, smart roaming, control de tráfico, re-enrutado mesh, etc suceden en las entrañas de cada uno de tus APs, trabajando como un equipo para buscar la para cada uno de los usuarios conectados. Además, la localización y el recuento de dispositivos, así como la detección y mitigación de ataques de hackers también operan en el borde de la red, sin necesidad de un cerebro en la nube ni de una controladora central.

De esta forma, si los servicios en la nube de todo el mundo caen, las redes de Galgus siguen optimizando en tiempo real los recursos disponibles, proporcionando analíticas contextuales y protegiendo a los usuarios frente a los ataques de hacker más comunes en redes WiFi. Además, si algunos de tus APs caen, su arquitectura distribuida permite que el resto de nodos tomen el control, atendiendo siempre a todos los usuarios incluso en el más desafiante de los escenarios.

Por supuesto, y aunque la inteligencia de la red esté distribuida entre los APs, Galgus cuenta con una herramienta de gestión unificada, configuración y analítica desde la nube: la plataforma Cloud Manager. Esto facilita la vida de los administradores de red y les da acceso y visibilidad a todas sus redes para troubleshooting y monitorización, pero no priva de inteligencia al borde de la red. De esta forma, el control sigue estando en cada uno de los APs, siempre vigilantes buscando la mejor solución para el conjunto de tus usuarios, sin dejar a ninguno desatendido y sin necesidad de intervención humana.

En definitiva, debemos evitar desplegar redes WiFi cuya inteligencia esté en la nube o en una controladora centralizada, como sucede con la mayoría de vendors WiFi clásicos. Corremos el riesgo de dejar nuestra red “a oscuras” si los APs no son capaces de tomar las decisiones importantes por sí mismos, sin un lejano cerebro que les dé órdenes.

Mantén el control de tu red WiFi, no dejes la responsabilidad de una buena experiencia de usuario en la nube.

 

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